Una carta al hombre que me hizo madre soltera

Que mala costumbre el habernos acostumbrado al príncipe azul, y a las relaciones perfectas sin ningún tipo de problema.

Cuando te conocí, sentía que había encontrado a mi alma gemela, dije:  este si es el hombre de mi vida. Veía como de manera inmediata de mi corazón se borraban los malos recuerdos de desamores amargos y días oscuros.

Contigo veía la luz al final del túnel, sentía que nuestra conexión era tan única, tan especial, parecía que estábamos hechos el uno para el otro, en fin “eras el hombre perfecto”. ¡Que inmadura e inocente era!

Con esa visualización de aquella cita te idealicé tanto, que no veía con el pasar del tiempo las señales graves que demostraban que no eras ese príncipe azul que yo imaginaba tan ingenuamente.

Todo fue tan rápido y un amor de color rosa que se me desvanecía de mis manos tan prontamente…

Solo bastó la llegada de nuestro primer hijo, un embarazo que llegó sin esperarlo.

Aquel hombre feliz, divertido, perfecto que conocí me iba matando lentamente, todas las atenciones y sonrisas que iluminaban mis días se iban desvaneciendo, tu indiferencia me mataba, era el pan de cada día.

Fui una joven fuerte, sentía como buena mujer del hogar que todo iba a mejorar y que iba a luchar hasta lo último para reconstruir ese hermoso hogar que una vez soñé contigo.

Aguanté mucha frialdad, pocas palabras, pocas explicaciones de lo enredado que estaba la situación, la falta de comunicación nos estaba alejando, estábamos tan cerca, pero a la vez tan lejos.

Pasaba el tiempo, hasta que decidiste irte, ¡nos abandonaste!, en ese momento estaba como en el aire, no asimilaba aún lo que me pasaba.

En algún momento intentamos volver, pero nunca estuviste seguro de mi y mi autoestima estaba mas cerca del piso. Me sentía la peor del mundo.

El tiempo y los años pasaban y yo con la ilusión de recuperar mi hogar, no te voy a negar que derramé un mar de lágrimas ¡muchas lágrimas! Pero no todo ha sido tan malo, ¡Para nada!

Mientras caminaba en la oscuridad, hoy me doy cuenta que Dios me ayudaba y después de mirar hacia atrás y mirar esta historia, estoy plenamente segura que nunca he estado sola. Dios ha sido bueno todo el tiempo.

Me sanó espiritualmente y me dio una gracia que solo El puede dar: Me ayudó a perdonarte y a entender que fuiste una elección equivocada y que, si quizás hubiese seguido a tu lado, no hubiera podido cumplir propósitos divinos para los que he sido creada y que actualmente estoy haciendo realidad en mi vida.

En oración he descubierto como El hace todo perfecto y es increíble como son sus respuestas en mi corazón. Me dan paz.

¡Aquellas preguntas que antes no me dejaban dormir, hoy ya han sido respondidas y sí que siento paz! Paz, que no se agota!

Hoy entiendo que podemos pedirle lo que anhelamos, pero El sabe lo que necesitamos. Sé que sus planes son mejores.

¿Sabes? En este punto de mi vida siento que El está organizando todo, un nuevo comienzo, una nueva vida, porque solo El hace nueva todas las cosas y El promete lo que cumple.

Tanto el amor como el perdón son una decisión y por eso hoy decido dejar de amarte, pero también perdonarte, decido soltar todo rencor del pasado, deseo que te vaya super bien en tus proyectos, en tu vida, pero por el bien de nuestras almas y de nuestra tranquilidad ya no me interesa saber mas nada de tu vida, de tus cosas personales.

Me retiro en paz, sana.

Sé que nuestro hijo nos unirá toda la vida, pero sé que podemos tener una relación cordial como padres, no como amigos ni mucho menos como amantes, ese ciclo lo termino y le doy punto final, Dios me ha dado la fuerza para tomar esa decisión.

Deseo que te vaya bien con tu nuevo amor y que todo lo que has vivido en tus relaciones fallidas te hayan enseñado para empezar con el pie derecho, no hagas sufrir mas a nadie. ¡No lo hagas!

Has de cuenta que no existo, has de cuenta que ya no soy ese paño de lágrimas cuando las cosas no van bien en tu vida, suéltame tu también, porque tu mejor amiga debe ser tu nueva pareja, yo no existo, solo como la mamá de tu hijo.

No te preocupes por nuestro pequeño, jamás le hablaré mal de ti, al contrario, seré la primera interesada en que tengan una buena relación, lo alejaré de todo lo negativo del pasado, le diré que tiene el mejor papá del mundo, se sentirá orgulloso de ti.

Sin mas nada que decir, deseo de todo corazón que Dios te sane, te bendiga y te ilumine en cada una de tus decisiones.

Hoy solo estoy enfocada en lo que Jesús quiere para mi vida, solo estoy enfocada en cumplir su voluntad, y solo eso me basta. He descubierto en mi vida que cuando lo colocamos a El como primer lugar, lo demás de da por añadidura.

Me voy en paz, estoy sana.

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